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Casi no me presenté al Associate Cloud Engineer

Sergio Ferrer Bueno·Publicado el 19 de agosto de 2026·Actualizado el 20 de agosto de 2026·5 min lectura

Casi no me presento.

No es una frase para abrir con gancho. Es lo que de verdad pensé hasta muy cerca de la fecha límite. El 13 de julio de 2026 Google Cloud me emitió la certificación Associate Cloud Engineer (se abre en una pestaña nueva). Vale tres años. Algunas personas verán aquí una tontería: un examen más, un badge más. Para mí no lo fue. Esta es esa historia, contada sin disfrazarla de caso de éxito.

Un rol técnico sin red

Entré como manager de ingeniería de datos sin una trayectoria previa en el apartado técnico de Google Cloud. No partía de cero en datos ni en tecnología, pero GCP no formaba parte de mi zona de confort. Respeto mucho a todos mis compañeros que han trabajado en el pasado para construir lo que es hoy nuestra nube de integraciones, pipelines y cantidad ingente de datos estructurados. Pero eso era parte de lo bonito del reto de aceptar esta posición.

Salió la oportunidad de presentarme al examen. Había una fecha límite. La empresa, Barceló (se abre en una pestaña nueva), ofreció pagar la prueba y la formación asociada. Eso cambia el peso de la decisión: ya no era solo un objetivo personal. Alguien estaba invirtiendo tiempo y dinero en que yo lo intentara.

El síndrome del impostor hizo el resto

Prácticamente cuando llegaba el final del plazo para presentarme al examen, decidí no presentarme a esa convocatoria y esperar unos meses más. No me veía preparado. El síndrome del impostor funciona así: convierte lagunas normales de aprendizaje en una sentencia. Si no lo sé todo, no debería sentarme delante del examen. Si un compañero responde con naturalidad, yo no debería estar en esa conversación.

Llegué a un punto de bajón en el que la opción más cómoda era no ir. No suspender. Directamente no presentarme. Solo tenía que pasar el mal trago de intentar justificar de alguna forma con la empresa mi no convocatoria.

Pau

En ese camino no estuve solo. Un compañero de trabajo al que considero prácticamente un amigo, Pau, también se presentó al examen y lo aprobó. Él sí tiene experiencia como ingeniero de datos, entró a nuestro equipo al terminar la carrera sin ningún acercamiento al mundo laboral y a los pocos meses se quedó sin mentor y como único ingeniero en el equipo interno. Lo que Pau nos demostró a todos es que, con pasión, constancia y actitud, se puede con todo.

Me apoyó desde el principio. Preguntas que yo sentía ridículas, las trató como lo que eran: el sitio por el que se empieza. Hicimos sesiones en línea de muchas horas, los dos en los laboratorios de Google, fuera de horario laboral y muchas de esas, en fin de semana. De hecho, como anécdota, guardo un recuerdo muy bonito y gracioso gracias a un programa que tengo (y desconocía que tenía esa funcionalidad) que graba un clip de unos segundos cuando detecta una risa exagerada. Perdonadme la expresión, pero aún estando jodidos, siempre sacamos un hueco para el humor y el buen rollo. Me guió paso a paso. Me enseñó lo que podía enseñarme. Y cuando yo quería no presentarme, me insistió y animó a hacerlo.

Ese empujón final también fue suyo. Si esta historia se cuenta solo como “yo decidí presentarme”, queda coja. La decisión fue mía. El acompañamiento, no.

Un arrebato de sensatez

Al final no fue un plan perfecto ni una curva de confianza impecable. Fue un arrebato de sensatez: presentarme con lo que tenía, en la fecha que había, en lugar de esperar a sentirme merecedor.

Aprobé.

No voy a convertir eso en una moraleja de que “el síndrome del impostor se vence así”. No se vence del todo. Lo que sí puedo decir es que valió la pena. Tengo la certificación, y eso no me convierte de la noche a la mañana en un experto en Google Cloud. Sí deja una imagen de seriedad y de compromiso: conmigo y con la empresa, que confió en mí.

Una certificación no sustituye los años de práctica que Pau ya tenía. Tampoco borra lo que aún no sé. Lo que hace, al menos en mi caso, es otra cosa: obliga a recorrer un mapa, a sentarse, a no abandonar cuando la duda pide aplazamiento, y a devolver algo de lo que te han dado. Y creo que, lo más importante, aparte de que me ha ayudado a aprender mucho sobre arquitectura, despliegues, redes, bases de datos, infraestructura, integraciones y un largo etcétera, me ha hecho acercarme más a este maravilloso mundo.

Qué es, y qué no es, este badge

El Associate Cloud Engineer (se abre en una pestaña nueva) evalúa la capacidad de montar un entorno, planificar e implementar una solución, operarla y configurar acceso y seguridad en Google Cloud. Para mí el valor no está en memorizar el temario. Está en haberme sentado a hacerlo sin sentirme listo, con ayuda real, y en poder señalar el resultado de forma verificable. El badge está en Credly. Quien quiera comprobarlo, puede.

Si alguien está en un sitio parecido —un rol que pide más cloud del que uno cree tener, una fecha límite, ganas de no ir— no tengo un método que vender. Solo esto: a veces el siguiente paso no es sentirse preparado. Es presentarse. Y, si puedes, no hacerlo solo.

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